LA HISTORIA DE NISA NANIXE
- Denisse Betanzos mendez
- 1 nov
- 1 Min. de lectura
En el corazón del Istmo de Tehuantepec, entre aromas, memorias y saberes compartidos, nació Nisa Nanixe, una empresa que no solo ofrece bebidas, sino que celebra la identidad cultural de nuestra región en cada sorbo.
Un sueño que se convirtió en proyecto
Nisa Nanixe surge como una iniciativa académica en el Instituto Tecnológico de Salina Cruz, impulsada por jóvenes comprometidos con sus raíces. El nombre, que en zapoteco significa “agua deliciosa”, refleja el alma del proyecto: rescatar, preservar y compartir las bebidas ancestrales que han acompañado a nuestras comunidades por generaciones.
Desde el primer boceto del plan de negocios, el equipo tuvo claro que esto no sería solo una empresa, sino una experiencia cultural. Cada bebida: Tejate, Bu-pu, Pozol, Agua chilacayota y Tepache, se elabora con ingredientes locales, procesos artesanales y envases ecológicos como jícaras de morro de calabazas y jarritos de barro.
De la idea al primer sorbo
En Nisa Nanixe no solo elaboramos bebidas, creamos momentos que conectan con la memoria. Queremos que, al probar cada sorbo, nuestros clientes se transporten al recuerdo de cuando sus abuelitas, madres o tías preparaban estas recetas con cariño y tradición. Que el aroma del cacao, el frescor del tejate o la espuma del bu-pu les evoque aquellas tardes en familia, las fiestas del pueblo o los rituales compartidos.
Cada bebida ancestral que ofrecemos está hecha para disfrutarse con el corazón. Porque detrás de cada sabor hay una historia, una cultura viva y un legado que merece ser preservado. En cada jícara, hay identidad. En cada ingrediente, hay raíz. Y en cada cliente, hay una historia que queremos honrar.


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